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La Virgen María referente para la juventud

17 julio 2018, 0 comentarios, en BLOG DEL PADRE DIRECTOR

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La Iglesia asegura que los jóvenes son el hoy y la esperanza; María ayuda y ofrece el ejemplo de vivencia de la esperanza y el joven debe acogerse a Ella con interés y amor entrañable.

 

La juventud actual anhela hacer nuevas las cosas, entonces, María es el tipo ideal al cual dirigir la mirada y la ilusión; modelo en el cual pueden inspirar sus ansias de renovación; Ella señala con seguridad el camino de la humanidad nueva, a Jesucristo.

 

Dice Juan Pablo II: "María debe encontrarse en todas las vías de la vida cotidiana de la Iglesia" y por ende, el joven, puede hallar en la Virgen la figura concreta que ilumine su vida, puesto que en Ella culmina la auténtica vida cristiana de liberación y santificación.

 

Esto es evidente, ya que el joven quiere a toda costa ser libre de todo lo que no es vida auténtica o no llega a responder plenamente a la más verdadera realidad; así, la juventud:

 

  •  busca mayor autenticidad; 

 

  • rehúsa lo tradicional por hallarlo falto de creatividad o pasado de moda; 

 

  •  rechaza el legalismo porque lo encuentra frío y sin vida;

 

  •  desprecia la autoridad cuando ve que ésta se halla desprovista de competencia y de testimonio auténtico;

 

  •  quiere romper a toda costa con los esquemas opresores del pasado porque los considera una ofensa a la personalidad.

 

 

Y la Virgen María ofrece el gran modelo de libertad y de realidad verdadera; Ella sometida a la Ley mosaica, en su interior, obran libremente, dejó la estructura del AT para entrar en la etapa nueva del NT; se presenta como la anti-estructura porque llegó a sumergirse en el régimen divino de la gracia, de la libertad y de la comunión con Dios y su prójimo, tanto que su canto del Magníficat se considera como la Carta Magna de la revolución evangélica. ¡Qué nuestros jóvenes reflexionen bajo esta perspectiva!

 

El mundo juvenil siente una fuerte llamada a la vivencia de la pobreza y para ello, muchos jóvenes tratan de librarse de lo superfluo y de cierta cultura adquirida, de lujo y de egoísmo, para vivir en fraternidad y a la comunidad de bienes; anhelos muy válidos con una gran fuerza evangélica si son bien canalizados.

 

Por eso, María ofrece una imagen pura de la pobre de Yahvé, totalmente libre, sin apegos terrenos y siempre dispuestos a ceder sus ideas y pensamientos para dar paso en Ella al Espíritu de Dios, quien para llenar al hombre primero lo despoja.

 

El ejemplo más claro está en el Calvario, al pie de la Cruz, ahí la Virgen perdió todo, hasta su propio hijo, para llegar a ser la Madre de toda la humanidad. Mirando así el joven a la Virgen, puede llegar a poseer una riqueza espiritual tal, que lo impulse siempre a vivir en la pobreza material de desapego y autenticidad.

 

Nadie se imagina a la Virgen en un palacio, con grandes riquezas; tampoco se identifica a María, con tantos pobres y míseros, entre ellos muchos jóvenes, que viven en su interior llenos de amargura y envidia para con los demás, siendo así ricos en su propia ambición humana y material.

 

El joven debe ver en María pobre, a la mujer que llena de felicidad, que ama con pleno gozo y que siente la perfecta alegría de poseer en plenitud, con la energía de la esperanza, la riqueza más grande que el mismo Dios, su todo.

 

Por eso, la Virgen María, es un referente para los jóvenes, para vivir una verdadera espiritualidad y de contemplación, en medio del quehacer cotidiano; con las consecuencias que esto tiene, en plena realización espiritual, el ideal de oración y de contemplación, como lo hizo María. No en una huida extravagante del mundo, sino en la misión que cada uno debe cumplir según el designio de Dios.

 

Muchos jóvenes de hoy, rompen con la estabilidad local, sienten un gran deseo de movilidad, de viajar, de salir del medio ambiente restrictivo y encerrado, para ir en busca de mundos nuevos que sueñan… Es una especie de búsqueda en la oscuridad que para no pocos termina en la náusea de la depresión o en el suicidio.

 

María se presenta a estos jóvenes desorientados, como la “Gran Peregrina”, la gran viajera de la historia, porque su vida fue un viaje continuo, conociendo varios lugares entre sí distantes, tras "el mundo nuevo", tras "la buena nueva" del Evangelio de Cristo.

 

Finalmente, el joven de hoy habla mucho de amor, canta al amor. Sería bueno que por medio de la catequesis, se empapara bien del valor religioso de esa virtud, para no desvirtuarla. Debe aprender de María a vivir en el amor: puro, casto, desinteresado, el amor a Dios y al prójimo. Esta fue precisamente, la obra por excelencia de la Virgen el generar la presencia de Jesús a través del amor, por medio y la acción del Espíritu Santo, que es el Amor en Dios.

 

¡Cuánto podría hacer la Religiosidad Popular bien orientada, para que nuestros jóvenes, a la luz de la devoción Mariana y de la imitación de la vida de la Virgen, den impulso nuevo a la vida cristiana y del mundo moderno, con su "sangre nueva", revitalizando y re-creando, la vivencia cristiana a su alrededor.

 

“Huye de los pasiones juveniles y esfuérzate en llevar una vida de rectitud, de fe, de amor y de paz en unión con los que invocan limpia y sinceramente al Señor”. (2 Timoteo 2,22)

 

 

 

 

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